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Mario Sabugo
VENTANAS TERMALES
Versión
inicial: Summa + 27, Buenos Aires, 1997
La Ventana Termal, fue inventada para aquellas estructuras abovedadas que los romanos llamaban Termas, teniendo la misión de cerrar el intersticio entre la cubierta semicilíndrica y el plano recto del muro, encima de aquellos piletones (caldarium, tepidarium, frigidarium) por los cuales el ciudadano pasaba heroicamente de lo caliente a lo tibio, y de lo tibio a lo frío. Véase John B Ward Perkins, Arquitectura romana, Aguilar, Madrid, 1976.
Una buena ventana termal romana es un semicírculo dividido en tres partes por medio de dos parantes, y suele estar protegida por una reja dórica. Una suerte de media luna o luneta puesta a 20 o 30 metros de altura que, al contraponer una recta baja y una curva alta, se inserta apropiadamente en la antigua cosmovisión aristotélica. (T. S. Kuhn, La revolución copernicana, Planeta- Agostini, Barcelona. Mario Sabugo, Giros, en Summa + 18, Bs. As., 1996)
Donato
Bramante, Palacio Pontificio, Roma, 1506
Luego del apogeo imperial, la Ventana Termal ingresa en un cono de sombras. Los arquitectos bizantinos, con materiales menos confiables, no se le animan, o la sustituyen. En el medioevo occidental, cuando lo más parecido es el caleidoscópico rosetón de las catedrales, no tiene lugar en medio de las insistentes complejidades ojivales.
Cuando reaparece, naturalmente asociada
a Roma y Vitruvio, acompaña la tendencia que conduciría al
Neoclasicismo. El que por excelencia se ocupa de relevarla y testearla
es Andrea Palladio por lo cual la Ventana también puede ser
llamada Veneciana, o directamente Palladiana. La introduce
en algunas villas y sobre todo en sus grandes templos de La Serenísima,
Il Redentore y San Giorgio Maggiore (luego, de la misma manera, sólo
que en pleno Siglo XIX bonaerense, los Canale la exhiben en el lateral
de la parroquia de La Piedad, sobre la calle Paraná).
El Palladianismo prospera en Inglaterra y Lord Burlington la coloca en su Villa de Chiswick, desde luego rotonda. Luego salta a la vista en algunos tímpanos de Vanbrugh y Hawksmoor, ya descontentos del barroco y "primeros adversarios de la tradición", al decir de Kaufmann. En Francia la siguen Neufforgue, o Legrand & Molinos, hasta que la Ventana culmina en la muy termal Biblioteca de Boullée. (Lionello Puppi, Andrea Palladio, Electa Editrice, Milano. Emil Kaufmann, La Arquitectura de la Ilustración, Gili, Barcelona)
Nuestros italianos finiseculares, de afición neoclasica, la practican con entusiasmo. Vittorio Meano la impone en los tímpanos altos del Teatro Colón, y a muy grande escala en el basamento de su cúpula del Congreso, lo mismo que el Conde Morra en la antigua Biblioteca Nacional de la calle México. Gino Aloisi la dispone en el frente de Alsina al 2400, anexo del Mercado Spinetto.
La Finestra Termale consigue incluso colarse en las distorsiones y enjuagues anticlásicos. Palanti hace dos enormes ventanas termales, tripartitas aunque estiradas por el impulso ascendente, en las cabeceras del Pasaje Barolo. En la misma cuerda, Robert Venturi expone una muy decorada por Louis Sullivan en el Farmer’s & Merchant’s Union Bank de Columbus, Wisconsin. (Robert Venturi, Complejidad y contradicción en la arquitectura, Gili, Barcelona)
Los modernos y tardomodernos es como
que la pierden de vista. No es impertinente rastrear nuestro vano en los
numerosos ejercicios abovedados del Corbusier de posguerra, en la gran
escala (Haute Cour de Chandigard) o en la pequeña (La Sainte Baume,
Roq et Rob, Maisons Jaoul), tal como van en la Oeuvre
complete, 1946- 1952, Editions d’Architecture Zurich. Pero el
hombre, que tiene entre manos los ingredientes, ésto es bóvedas,
muros y locales alargados, una y otra vez esquiva la abertura termal, acaso
por aquello de que la fachada no es más que el corte.
Tal vez andan cerca el Louis Kahn
de Dacca, o algunos Mario Botta, con sus variadas y grandilocuentes aberturas
de matriz circular. El que no duda es Leo Krier, que las reproduce a rolete
en su conjunto canario de Atlantis.
En la inagotable textura académica de la urbe porteña , son multitud. En el edificio de OSN de Callao y M. T. de Alvear, una tripartita deja libre el paño central y los otros dos los ciega con esculturas. Frecuentemente quedan en curiosidad de fachada: la ochava del Palacio Municipal sobre Diagonal Norte, los pabellones de la Rural, detalles de la esquina sudeste de Corrientes y Talcahuano, el templo protestante de Lacroze y Zapiola.
Pero hay más aún. Hacia 1906, en Nueva York, MacKim, Mead & White conciben la estacion ferroviaria de Pennsylvania, con el modelo de las Termas de Caracalla. Función moderna con forma antigua, largamente criticada por revivalista. Chambers y Newbery Thomas toman el mismo partido para la ampliación de la Estación Constitución en Buenos Aires, ejecutada entre 1925 y 32. Nada impide visitar este hall también ferroviario y paladear, en su cabecera oriental, la mayor de nuestras Ventanas Termales.
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ARQUITECTURA EN LINEA© 1998
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