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Montevideo


Mario Sabugo
Luces de la ciudad
versión Revelaciones: Summa + 19


Hace ya unos cuantos años que un Héctor Veira bastante más Bambino declaraba anhelar que la ciudad fuera cubierta totalmente con una heroica Lona, debajo de la cual no hubiera nada más que una continua noche y una continua luz artificial.

Dice el maestro Fernando Chueca Goitía ("La destrucción del legado urbanístico español", 1976):
"Esto de la luz me ha hecho muchas veces pensar. Muchas veces me pregunto qué es lo que atraerá de tal manera a las gentes, que dejan todo por venir a la ciudad a mal vivir...Después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que lo que les atrae es la luz. Parece una frase, pero es así. El atractivo, lo que seduce de la ciudad es la luz y lo mismo que según el adagio el sol sale para todos, también los anuncios y los reflectores brillan para todos.... Yo recuerdo al Madrid de posguerra, ciudad apagada, sitiada. Faltaba de todo, pero si algo indicaba que aquella ciudad había abdicado temporalmente de su condición, era su oscuridad obligada por temor a los bombardeos."

Inversamente, en un notable ejercicio descriptivo, muy inquietante resulta la urbe cuando se halla en tinieblas, tal como lo ejercita Victor Hugo en "Los miserables" (1862).

El paradigma decimonónico de la ciudad, París, lo fue precisamente bajo la fórmula de Ciudad Luz. Y aunque prefiriendo los ejemplos de Las Vegas y Broadway, fueron clásicas reividicaciones de la ciudad como ambiente lumínico y nocturno la de Denise Scott Brown y Robert Venturi: "Un significado para los aparcamientos A & P o Aprendiendo de Las Vegas" y la de Tom Wolfe: "Electrographic architecture".

Indianapolis

La luz urbana congrega a las masas porque disuelve antiguas y telúricas angustias. En la noche primitiva, es la Luna, la quilla del quechua, la que se encarga de mitigar la oscuridad. Pero cuando desaparece, por renovación o por eclipse, el indio inerme en las tinieblas, llora su ausencia, y en el fondo, llora por su propia finitud. En cambio, según Rodolfo Kusch ("Indios, porteños y dioses", 1966), nosotros los urbanos, "... no tenemos miedo a las penumbras. Hacemos un riguroso culto de la luz, por dentro y por fuera. Para eso contamos, por una parte, con la luz eléctrica y, por la otra, con la cultura. En la calle Corrientes no se ve la luna, precisamente por su iluminación. Además, ahí compramos los libros para perder el miedo a la penumbra interior..."

Fue también para eliminar la penumbra cultural, aunque no se contaba todavía con la electricidad, que las ciudades inventaron el Siglo de las Luces, del cual Buenos Aires todavía conserva al menos una Manzana, la de Bolívar, Alsina, Perú y Moreno.
Por su parte, la doctrina tanguera hace discriminaciones éticas a propósito de los diversos alumbrados. Una cosa es el Farol de Homero y Virgilio Expósito, arrabalero, mortecino y filosófico, y otra cosa diametralmente opuesta son las Luces Malas del Centro (aludidas en "Tortazos", de J. Razzano y E. P. Maroni) . Desde luego, indeleble imagen de la luz urbana es la de "Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno..." ("Volver", de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel).

Aún así, no pocos arquitectos se resisten ante los esplendores nocturnos de la urbe. Sin ir más lejos, prestigiosísimos maestros han condenado a la calle Corrientes, donde los centelleantes carteles triunfan al precio de ocupar el lugar de las fachadas. Pero cuando el brillo remplaza al volumen y el neón a las molduras, el cartel es la fachada, porque actúan nuevas modalidades de configuración del ambiente. Del mismo modo, en algunos shoppings salta a la vista que los paramentos exteriores adquieren su mejor utilidad como soporte de anuncios, proyecciones y juegos lumínicos.
 

Monterrey
 

Por la suya, sombríos expertos, alarmados ante la explosión de luz en el entorno del Obelisco, se afanan en proscribirla de algunas áreas patrimoniales céntricas, omitiendo que su atracción histórica provino en gran medida de sus faros y farolas. En plena fotofobia, acuden a los lóbregos argumentos de la contaminación visual, y meten todas las luces urbanas en la misma bolsa, cuando en rigor convendría diferenciar el alumbrado público convencional, el advertising, la iluminación de fachadas, y la iluminación de festejos ,cuyo gran ejemplo es el Congreso de Vittorio Meano.

A la par, en numerosos tableros se persiste en diseñar casi exclusivamente bajo ese canónico sol que aterriza en un ángulo de 45º. A su reiterada consigna del "juego sabio y magnífico de los volúmenes bajo la luz" le falta una aclaración: quiere decir una luz solar.

¿Cuantas fotos nocturnas hay en los tratados de arquitectura contemporánea? Pocas.

La célebre vista corbusierana y fluvial de Buenos Aires, aquel de las cuatro blancas torres costeras sobre un fondo de negra noche es, a todas luces, una excepción que confirma la regla. Con su insistencia higienista calcada de la helioterapia, los Modernos instalaron un entorno proyectual implícitamente solar. Pese a ello la arquitectura urbana es inexorablemente binorma, porque también atraviesa una fase lunar, y por ello más bien femenina. Las torres de Catalinas Norte, ¿son más interesantes puestas a la defensiva frente al sol del mediodía, o a última hora de la tarde, cuando se transparentan y emiten las luces celestes de sus oficinas?
Desde el aire, la ciudad es más ciudad cuando la noche difumina los volúmenes edilicios, transfigurando el conjunto en una espléndida galaxia de puntos luminosos, que hace pendant con el firmamento.

Pero hacia el amanecer, sobreviene uno de sus momentos más reveladores, cuando la urbe cambia su luz y se reconfigura, desenchufando sus equipamientos noctámbulos para instalar los diurnos. Entonces, por las calles del centro se cruzan dos especies. Los taciturnos bohemios y calaveras, dando por cerrada la velada, revolotean como murciélagos hasta sus barrios de origen, en el sur, en el norte y en el oeste. En dirección contraria, desembarca la tropa fresca, duchada y afeitada apropiadamente para las cotidianas hostilidades administrativas, financieras y comerciales.
 


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ARQUITECTURA EN LINEA© 1998

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