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                                LEWIS MUMFORD
                                                                                 mario sabugo, revelaciones summa +

No es improbable que, con el paso de los años y de las ideas, ya sea una revelación el simple acto de rememorar a Mumford. Pero aunque ese nombre ya no despierte las antiguas repercusiones, de un modo u otro ronda por allí cuando se reclaman más pulmones urbanos, o toda vez que se deplora la megalópolis.
 
Mumford (Flushing, NY, 1895; Amenia, NY, 1990) escribió: The story of utopias, 1922; Sticks and stones, 1924; The golden day, 1926; Herman Melville, 1929; The brown decades, 1931; Technics ans civilization, 1934, The culture of the cities, 1938; Men must act, 1939; Faith for living, 1940; The south in architecture, 1941; The condition of man, 1944; City development, 1945; Values for survival, 1946; Green memories, 1947; The conduct of life, 1951; Art and technics, 1952; In the name of sanity, 1954; From the ground up, 1956; The transformations of man, 1956; The city in history, 1961; The highway and the city, 1963; The urban prospect, 1968; The myth of machine: Vol. 1, Technics and human development, 1967, Vol. 2, The pentagon of power, 1970; Interpretations and forecasts, 1973; Findings and keepings, 1975; My works and days, 1979.

Además de tales libros, un millar de artículos. Y también impulsó la Regional Planning Association of America, filmó documentales y enseñó en diversas instituciones. Siempre en torno a la ciudad, con toda la complejidad de sus contextos históricos, geográficos, tecnológicos y filosóficos, practicando una crítica urbana y arquitectónica de alcance cultural más que académico. Y si bien lo inspiraron la ciudad jardín de Ebenezer Howard, el regionalismo anarquista de Kropotkin, y el paisajismo de Frederick Law Olmsted; su maestro por excelencia fue Patrick Geddes. 

Una biografía: Donald L. Miller, Lewis Mumford : A Life, University of Pittsburgh, 1992. Por su parte, Anahí Ballent, Mercedes Daguerre y Graciela Silvestri, en Cultura y proyecto urbano. La ciudad moderna, CEDAL, Bs. As., 1993, reconocen su valor como crítico "reformista y operativo", y examinan sus diferencias con Siegfried Giedion y Jane Jacobs.

    Para Mumford, las culturas corren graves riesgos cuando pierden de vista los límites naturales de sus organizaciones y de sus logros. Y como en la hybris clásica, después del exceso sigue el colapso, sea físico por agotamiento de los recursos, sea político por degradación de las instituciones. En la esfera de las cuestiones urbanas, ese descontrol es precisamente la megalópolis. Como se advierte, estas proposiciones anuncian los "límites del crecimiento" enunciados por el Club de Roma (1970), la teoría del "small is beautiful" (E. F. Schumacher, 1973); y en fin la categoría de lo "sustentable", difundida urbi et orbi a partir de la Cumbre de Río en 1992.
El antídoto mumfordiano para la megalópolis se extrae de la aldea, entendida como módulo apropiado para una convivencia equilibrada y democrática. En tal sentido, rescata otras instituciones como la sinagoga, el monasterio, el gremio o el vecindario, cuya escala asimismo aldeana las habría eximido de la masividad y el autoritarismo.
Morton y Lucia White (El intelectual contra la ciudad, de Thomas Jefferson a Frank Lloyd Wright (1962), Infinito, Bs. As.) encuadraron a Mumford en una corriente de pensamiento antiurbano iniciada en los EEUU por Emerson, y que caracterizan por por su inconsistencia teórica y su tendencia a la metáfora orgánica. Por nuestra parte, basta reconocer esta modalidad persistente no sólo en la idea de los "pulmones": recuérdense también el corazón, las arterias, las cirugías o los tejidos urbanos. Pese a todo los White le reconocieron que "....alcanza sus mejores momentos cuando comunica ideas estéticas, sicológicas y morales, así como impresiones sobre los defectos de la ciudad... el urbanista cometería un grave error si pasara por alto esta tradición, si la considerara un punto de vista del que nada puede aprenderse, si la olvidara o desatendiera"

Naturalmente, Mumford representa una contraparte romántica al universo ideológico y disciplinario europeo. Al otro lado del Atlántico la recepción de sus proposiciones fue restringida y trabajosa. Véase Franco Berlanda ("La novitá di Mumford per i giovanni architetti del secondo dopoguerra") según Virginio Bettini, "Lewis Mumford, ovvero la storia naturale dell’ urbanizzazione", en Cronache Ca’ Tron 07/ 96, DAEST- IUAV, Venezia. En la posguerra, sus primeros artículos aparecen en 1946 en la revista "Metron", pero no interesan a profesores ni funcionarios, y menos al racionalismo que encabeza Ernesto Rogers dirigiendo "Domus". Posteriormente, en la crucial "La arquitectura de la ciudad" (1966) Aldo Rossi casi no menciona a Mumford, y niega que los hechos urbanos se tornen diferentes según sus dimensiones, rechazando por tanto la tesis de la megalópolis.

En nuestro medio argentino, donde "Arte y Tecnica" aparece en 1957 dentro de la colección de Nueva Visión dirigida por Alfredo Hlito y Francisco Bullrich; y más tarde en las editoriales Infinito, Fabril y Emecé, las lecciones mumfordianas se insertan tal vez con menos aspereza, pero requiriendo arduas conciliaciones con los radiantes esquemas corbusieranos. En el curso de Planificación de Eduardo Sarrailh y Odilia Suárez (FAU- UBA, 1975), aunque es brevemente mencionado en la clase sobre regionalismo, Mumford no aparece en la bibliografía, que va de Chadwick a Jane Jacobs y de Coraggio a Manuel Castells.
 

Comparativamente, Mumford se ocupa con menor frecuencia de la arquitectura. Pero delinea su historia estadounidense en "Sticks & stones" y en "Brown decades"; y eleva por sobre todo a Frank Lloyd Wright, proclamándolo "el Fujiyama de la arquitectura norteamericana". Típico de su pluma es un párrafo como el que sigue: "La arquitectura contemporánea, reflejando el estado del mundo mismo, está en una especie de irresolución y diversificación. Una tendencia, encabezada por Mies van der Rohe, construye palacios de hielo de aire acondicionado para virginales Reinas de la Nieve; otra, encabezada por Le Corbusier, construye románticas grutas donde los Tristán e Isolda de nuestro tiempo puedan beber no los filtros de amor, sino venenos nucleares en lóbrega soledad; una tercera tendencia, dirigida por un arquitecto norteamericano viviente, que no nombraré, fabrica tiendas a todas luces acrobáticas para descalificados artistas de circo." (Lewis Mumford, "El edificio de la UNESCO: ¡Fuera, maldito clisé! " (1960) en La carretera y la ciudad, Emecé, Bs. As.)

La cuestión de la tecnología no escapa a las antinomias mumfordianas. En "Técnica y civilización" (1934) todavía se esperanza con una nueva era "neotécnica" fundada en la energía eléctrica. Más sombrío se torna en "El mito de la máquina" (1967, 1970), cuando denuncia la amenaza nuclear e incluso la intervención en Vietnam. En este texto, sostiene que la Máquina arquetípica es ante todo un singular tipo de organización social de escala masiva, relativamente independiente de los recursos técnicos, respaldada en los absolutismos ideológicos y políticos, y que en resumen conduce a una reduccion unidimensional del ser humano. Frente a esta tecnología autoritaria, rescata la vigencia histórica de una tecnología alternativa, de acento democrático, que habría florecido en los pequeños emprendimientos neolíticos y medievales.

Aún con la inevitable diversidad de las lecturas y las interpretaciones, seguramente resultará fructífero revisitar de tanto en tanto el mundo de Lewis Mumford, ese profeta olvidado.


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ARQUITECTURA EN LINEA© 1998

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