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Mario Sabugo:       Leyenda de Edificios Giratorios
version original aparecida en las "Revelaciones" (Summa + 18, Bs. As. 1996)

En última instancia, hay dos y sólo dos grandes tipos edilicios. Por un lado están los edificios longitudinales, que se tienden a lo largo de una línea, como las basílicas. Por la otra, los edificios centrales, que se disponen alrededor de un punto, como los baptisterios. Dentro de los longitudinales, se va- hacia. En los centrales se está- en. Pero en algunos edificios centrales muy particulares, se gira. Es necesario entonces revelar la subsiguiente leyenda.

Al cosmos de los Edificios Giratorios se puede ingresar a través de la Sala de las Dos Hermanas, en la Alhambra de Granada.

Se lee allí un poema de Ibn Zamrak, en el que se insinúa que la Sala cambia de aspecto de día y de noche y que su cúpula se mueve: "Es como si se pensara que la cúpula es giratoria, y que refleja el ciclo diario de luz y oscuridad y las posiciones cambiantes de las constelaciones. Quizá no se trate sólo de una imagen literaria, porque puede sostenerse que la estructura misma de la cúpula supone un intento de representar una cúpula giratoria. " (Oleg Grabar, La Alhambra: iconografía, formas y valores, 1978)

La leyenda fue evocada a su turno por Ibn Gabirol cuando relata que el palacio del Rey Salomón disponía de una cúpula giratoria que representaba el cielo. Aún sin respaldo bíblico, esa imagen medieval se consolidó y fue asociada a ciertos monumentos antiguos, como la Domus Aurea de Nerón, o el trono armenio del arsácida Cosroes II, alrededor del cual se disponían el sol, la luna y las estrellas, y que contaba con efectos especiales, con máquinas para arrojar gotas como de lluvia, y otras para hacer ruido como de trueno.

Los Edificios Giratorios restauran la concepción de un universo rotativo y geocéntrico.

Para René Guenon (Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, 1938), en línea con la física aristotélica, el principal tipo edilicio tradicional se debe levantar sobre una base cuadrada, representativa de la quieta tierra, sobre la que debe instalarse una cúpula hemisférica, propia de las revoluciones del cielo. Abajo se emplea la escuadra, arriba el compás. En caso de no haber disponibilidad, o presupuesto, para una buena cúpula, cumpliríamos igual con un honesto ábside en planta.
 

Frank Lloyd Wright, Guggenheim Museum, New York
 

El centro de los Edificios Giratorios, que parece un punto en planta, se revela como eje en el corte. Son como el Guggenheim neoyorquino, o el Pabellón del Vidrio de Bruno Taut, o el venerable Panteón romano, o son iglúes, tholos, globos, trompos, circos, discos y rotondas.

    Bruno Taut, Pabellón de Vidrio, Colonia, 1914
 

No se sospechen ni incluyan aquí los faros ni los molinos, cuyos componentes giratorios son parciales, ni las cúpulas esquineras, que en todo caso son las luces de giro de las manzanas.
Nos referimos exactamente a los edificios con un espacio totalitariamente giratorio, con sus habitantes implicados en la rotación. En su interior, así como cuando estamos en un tren y dudamos si arranca el nuestro o el de la vía contraria, nunca está del todo claro si nos movemos sólamente nosotros, si nos lleva consigo el edificio, o si es el mundo mismo que por su cuenta gira alrededor.

Si el primer rito fue la danza, tal vez la primera danza haya sido un giro.

Para poética giratoria, la de Fito Páez: "...y así las ruedas empezaron a girar..." (Los buenos tiempos); "...porque todo el tiempo estabas dando vueltas y más vueltas..." (Tumbas de la gloria); "...todos yiran y yiran, todos bajo el sol" (Mariposa technicolor). Otros de sus títulos: A rodar mi vida, Dando vueltas en el aire, Circo Beat, La rueda mágica, Giros.

Pueden aspirar a la categoría los elevados restaurantes o miradores giratorios, y en general las torres cilíndricas, como las proyectadas por Jim Stirling para la Siemens de Munich, que para más datos se iban cubriendo con pantallas móviles y heliotrópicas. No son otra cosa las estaciones espaciales, que giran para generar gravedad, o apenas para quedar bien con la fantaciencia. No hay que omitir los Planetarios, las calesitas, ni las paradójicas puertas giratorias, en las que se vira pero para avanzar.
 
Hay los diseños de doble envolvente, como San Vitale de Ravenna, la Asamblea de Louis Kahn en Dacca, o bien la iglesia de las Potencias Angélicas, ejemplo de la virtuosidad armenia del siglo VII, como señala Cyril Mango (Arquitectura bizantina, 1978).

Louis Kahn, Capitolio, Dacca, 1962

Estos engendros adquieren rasgos de mandala; en sánscrito, mandala significaba originalmente círculo, éso lo dice Joseph Rykwert (La idea de ciudad. Antropología de la forma urbana en el Mundo Antiguo, 1976).
 

 
Mandala Guhyasamaja

Por su parte, todos los oratorios islámicos han rotado o rotarán, puesto que estén donde estén, y aún contra el trazado general del conjunto edilicio, deben necesariamente orientarse hacia La Meca.
Leemos en una revista dominical que un rey saudita vuela en su Jumbo privado. A la hora de la plegaria el piloto pone proa a La Meca para que el rey no deba levantarse de su butaca. Luego retoma el rumbo original.

Algunos Edificios Giratorios no tienen cúpula, pero su enfática delimitación desvanece las referencias externas de posición y orientación. Así sucede con el Palacio de Carlos V, de Pedro Machuca, y es también el caso de los estadios, por lo demás congregacionales antes que individuales: "...el horizonte se recorta en el cielo; las altísimas paredes de circunvalación del estadio se levantan por encima de toda perspectiva. No existe la ciudad, no existe el mundo... el estadio se desconecta de la tierra..." (Ezequiel Martínez Estrada: La cabeza de Goliat, 1940). ¿No fue en los estadios mexicanos que se inventó la ceremonia de la Ola, innegablemente giratoria?
 

Pedro Machuca, Palacio de Carlos V, Granada.

En este género de discusiones, también son apropiados si no las conclusiones, al menos los términos de Giulio Carlo Argan (El concepto del espacio arquitectónico, desde el barroco a nuestros días, 1961) para quien que la modernidad consistió en pasar del espacio- como- representación al espacio- como- determinación, eliminando todo a priori, fiándose sólamente en la experiencia. Por éso, sus héroes son Aalto, Mies y Gropius, mientras que desconfía de Wright, por yanqui, y de Corbu, a causa de sus arbitrariedades en el templo de Ronchamp.

Aquí termina esta versión de la leyenda de los Edificios Giratorios, que podría ser continuada si se procediera a clasificarlos como centrífugos o centrípetos; o bien como levógiros o dextrógiros.
 

(Isaac Asimov, El electrón es zurdo y otros ensayos científicos, 1972. Sobre el sentido de giro según los hemisferios: Mario Sabugo, Entorno al horno, en Nuestra Arquitectura Nº 513/ 514, Bs. As., 1981. Y la impagable novela de Juan Sasturain, Los sentidos del agua, 1992)
 


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ARQUITECTURA EN LINEA© 1998

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