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Sobre
el Pabellón del Espirit Nouveau que diseñó para la Exposición de Artes
Decorativas de 1925: "Me echaron y
me negaron terrenos. Pero al final quedó uno abandonado. Entonces, un
joven de la dirección de la exposición me llamó y me dijo que había un
terreno disponible.
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Llamé
a unos colaboradores y les dije : ‘Llévense unos tableros
e instálense en el terreno todo el día. Quédense varios días’.
Y así lo hicieron y por eso no pudieron robármelo. Hice el Pabellón
Espirit Nouveau. Era algo de vanguardia, formidable. Creé así
el orden celular de la vivienda, con gran fasto, pero sin excesos
ni nada parecido."
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Sobre
la decoración:
"Desde hace mucho lucho contra la decoración. Sólo hice eso de joven
y por eso no me gusta. La decoración es algo superficial, ocupa un lugar
inmutable. Por eso los edificios públicos se decoran para publicitar a
las "personalidades". No hace falta mirarla siempre, pero en la vivienda
es algo obsesivo.
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Es
cierto que la gente se vuelve inerte, ni mira, y eso es lo terrible.
Es mejor lo que estimula. Esto no quiere decir que hay que eliminar
la pintura o las esculturas de las casas. Si se observa la historia
del arte en el tiempo y el espacio, se verá que la decoración
es a veces discutible. Los palacios, los templos son en general
algo recargado, y cuando existe esa intención es un error grave.
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Hay
a nuestro alrededor emociones muy bellas y en el arte, donde están las
más intensas, no acepto la mediocridad. Hay arte, no arte decorativo.
El arte es algo riguroso, el arte decorativo no lo es, es superficial,
alborotador. Prefiero un guijarro en la playa, una mariposa o un hueso
limpiado por el mar, y no un objeto en el que se abrazan palomas o ceniceros
que representan a santos."
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