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PERFILES Enric Miralles |
| Memoria
de Miralles
Enric Miralles se
graduó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en
el año 1978. Tras colaborar en el estudio de Piñon y Viaplana, hasta el
año 85 decide dedicarse a su propio estudio, que un año antes había abierto
las puertas. Junto a Carme Pinós comparten proyectos y despacho hasta
el 89, para luego asociarse a su compañera de trabajo y sentimental, la
italiana Benedetta Tagliabue. "...
lo que me parecía más extraordinario de tu manera de hacer era que podía
ser extravagante, excesiva, incomprensible, inapropiada, despilfarradora,
incluso equivocada, pero siempre profundamente bella. Desde los desenfadados
croquis de tus cuadernos de viaje, a tus misteriosos planos técnicos,
a tus maravillosas maquetas de madera, a tus collages de fotografías,
a tus faxes para agradecer una cena (...), a tus seductoras conferencias,
a tus diferentes viviendas, a tus diferentes estudios, a tus muebles absurdos
y pesados, a tu rascacielos airoso, a tus puertas torcidas, a tus pilares
irracionalmente inclinados, a tus hierros retorcidos; todo lo que salía
de tus manos era Arte..." En
varias ocasiones habíamos coincidido. Por veces, había ido a escucharlo
dar alguna conferencia, o explicar algún proyecto. El de Retiro en Buenos
Aires, en una charla en el barrio porteño de San Telmo. En alguna Bienal.
Pasaron los años y fue cuando toqué a su puerta para pedirle me dejase
colaborar en su despacho y, como siempre, gentil, sonriente, aceptó que
tuviéramos una charla, con mi desgarbada carpeta de trabajos en sus manos,
no dejaba de hacerme preguntas. "...
No hace falta insistir (...) en que nos has dejado muy prematuramente,
que teníamos una enorme esperanza en lo que quedaba por venir. Alguien
escribió, hace un tiempo, que sería muy triste que Enric Miralles fuese
un arquitecto con más pasado que futuro.
Hay una generación
de arquitectos, que sin quererlo fuimos siguiendo sus pasos, estudiamos
casi detrás de él y estábamos haciendo nuestros primeros croquis mientras
él hacía su cementerio de Igualada (su obra maestra, a mi modo de ver),
a toda esa generación de jóvenes, que estamos dando ahora los primeros pasos
en solitario en este mundo de tableros, trasnochadas y concursos, nos han
quitado el caramelo de la boca. Haciendo
un repaso por el recorrido de la arquitectura de Miralles, no podemos
dejar de pasar por Barcelona, donde tiene el cementerio donde ahora su
cuerpo paradójicamente, descansa, por el Paseo Icaria, por los proyectos
inconclusos de Mollet, donde estaba en construcción desde hace un tiempo
el parque temático, la torre del gas, el increíble Mercado de Santa Caterina,
obra de la cual le encantaba hablar, ubicado muy cerca del estudio, estaba
tan apasionado con su obra que a su pequeña hija le puso Caterina. Pero algo que Miralles nos ha dejado como el rastro de su paso, ha sido esa conexión con el paisaje, con la topografía, esa sensibilidad hacia lo existente ..." a veces las marcas tienen un significado, si alguien las sabe interpretar, las entiende. Pero muy a menudo tienes que pararte como desconocido, aceptar la marca porque está ahí, porque te la has encontrado, como cuando encuentras algunas inscripciones en una roca. Me interesa ese trabajo de ir aceptando los resultados que van apareciendo.(...). Un proyecto consiste en saber atar múltiples líneas, múltiples ramificaciones que se abren en distintas direcciones. Mi modo de trabajar está muy ligado a la idea de curiosear o de distraerse. Una vez fijado el problema, el siguiente paso es casi olvidarse de la finalidad de lo que estabas haciendo, casi como para distraerte (...)"... Y ahora
que el fulgurante cometa, como Rafael Moneo se atrevió a
llamarlo, nos ha dejado sin su futuro, tenemos que conformarnos con tener
la sensibilidad que nos dejó con sus obras. Miralles estaba enamorado
de su ciudad natal, Barcelona, y es aquí donde nos va dejando rastros
en distintos barrios, en los alrededores. Barcelona ya no es sólo de Gaudí,
y este enorme arquitecto catalán que nos dejó, sobrevive en sus líneas
que asoman en la ciudad, como gigantes, como cabezudos. Y seguro que echaremos
de menos a este hombre que sin ser maestro, nos dejaba aprender de él.
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Agradecemos a |
Otra producción de ARQUITECTURA EN LINEA © 2000
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