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El patio-salón central de este edificio fue, desde el principio,
el tema dominante del proyecto.
La imagen mental era un espacio cubierto, rodeado de galerías abiertas
de acceso a las aulas, e iluminado desde lo alto por un gran lucernario.
La luz debía penetrar en él desde de distintas orientaciones,
pero predominando la cenital y desde el norte, con objeto de obtener una
claridad general difusa; pero conseguir también una gran variedad
de iluminación natural, combinando distintos niveles de transparencia,
según tipos de vidrio. De este modo ciertos rayos de sol directo
alcanzan el pavimento y se pasean por las galerías que circundan
esta nave central, variando según las horas y el tiempo exterior.
Los reflejos de estos rayos de sol, la claridad media dominante, los propios
rayos y manchas de sol y la variable penumbra de las mamparas acústicas
de las galerías, ofrecen al espacio absoluto, único y central
aquellas variaciones ambientales que atenúan su uniforme e imponente
estereometría. La temporalidad, en su sentido mas concreto o real
y menos metafísico, se pasea diariamente por este espacio central
del edificio, que todos los usuarios del Instituto atraviesan o recorren
a distintas alturas y horas, para acudir a las citas del programa escolar.
Es claro que esta sala-patio constituye el ágora docente, o como dijo el crítico
Daniele Vitale (1), la nave central del templo laico del pueblo. El Instituto
adquiere pues aquí todo su simbolismo de institución pública
por excelencia, de espacio sagrado para la formación de la futura
civilidad de sus alumnos, más allá de las enseñanzas
del programa didáctico. El carácter de ágora o "espacio
público" escolar de este gran patio cubierto, se acentúa,
con la ubicación en su planta baja, de los locales de servicio
a los diferentes usuarios de la escuela, como son: la administración
y la dirección pedagógica, el local de reunión de
los padres, el de los alumnos, la sala de profesores, la biblioteca, el
mostrador de información y controles del conserje y, sobre todo,
la cafetería-comedor de alumnos y profesores.
La existencia en le
Arboç de una factoría de la Cristalería Española,
me sugirió la posibilidad de un lucernario, cuyo coste excedía
el presupuesto oficial. La actitud positiva de la administración
catalana y la colaboración económica del fabricante hicieron
posible la construcción de este lucernario de 45 metros de longitud
y 10 de altura, el cual de día se manifiesta como una crestería
azulada que combina transparencias, veladuras y contraluces; oponiendo
su ligereza a la tectónica dura y articulada de los cuerpos de
ladrillo inferiores. De noche y desde los campos y caminos que se acercan
al pueblo, se convierte en una gran lámpara que señala aun
más directa y expresivamente el carácter del edificio, sugiriendo
quizás su papel de "luz" de la civilización, con
aquella silenciosa elocuencia que diría Carlos Martí y tal
como interpreta Daniele Vitale en su breve y sugerente comentario.
(1) "Escolas
como Catedrais"
revista ARQUITECTURA E VIDA
noviembre de 2000 .
Lisboa
E. Donato / Octubre
2000
Ubicación
Municipio de L'Arboç (Tarragona)
Año de construcción
1998-2000
Superficie
4850 metros cuadrados construidos
Proyectistas
Emili Donato - Miguel Jiménez Arqts.
Colaboradores
Juan Meca - Alex Iglesias - Marti Ballart Arqts. Enrique Del Pozo Arqt.
Técnico. Ventura Ingenieros.
Constructores
Fomento de Contratas y Construcciones
( FCC )
Comitente
Ministerio de Educación del Gobierno Autonomo de Cataluña
Fotógrafo
Toni Vidal
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