AMPLIACIÓN Y REFORMA DEL MUSEO PICASSO.
CALLE MONTCADA Nº 15-17-19-21-23.
BARCELONA. 1999.
JORDI GARCÉS,
Arquitecto.
Memoria Descriptiva
Desde su fundación, el Museo Picasso de Barcelona ha tenido su sede en
la calle Montcada, uno de los mejores conjuntos de la arquitectura gótica
civil del barrio de la Ribera y, por extensión, de toda la ciudad.
A lo largo de sus fachadas, se alinea una serie de palacios, cuya estructura
gótica primitiva se ha visto alterada por importantes transformaciones
a lo largo de los siglos XVIII y XIX. El museo existente comprendía las
fincas números 15, 17 y 19 de la calle Montcada y era el resultado de
las sucesivas ampliaciones y adecuaciones realizadas desde los años sesenta.
La ampliación y reforma llevada a cabo en la actualidad supone la incorporación
a la institución museística de una zona de la planta baja del número 19,
no disponible hasta ahora, y de la totalidad de los edificios números
21 y 23 de la misma calle -conocidos como edificios Mauri y Finestres,
respectivamente- en dirección hacia el mar, en un recorrido que concluye
en el conjunto absidial de Santa María del Mar. Con esta propuesta de
reforma y ampliación, la institución picassiana pasa de la superficie
actual de aproximadamente siete mil metros cuadrados a un total que supera
los once mil.
El conjunto constituido por las fincas números 21 y 23 se destina en sus
tres plantas a exposiciones temporales, lo que facilitará en un futuro
reorganizar con comodidad, en los tres edificios restantes, los tres sectores
clásicos de un museo: servicios externos en planta baja, exposición permanente
en el primer piso y servicios internos en el nivel superior. Una planta
tercera, que ocupa parte de la proyección vertical de los pisos inferiores,
alojará las instalaciones técnicas y los servicios de mantenimiento comunes
a la totalidad del conjunto, de forma que la planta baja será de libre
acceso para el público en la totalidad de los cinco palacios.
El conjunto de la intervención, tanto en las etapas realizadas hasta la
actualidad como en las pendientes de ejecución, se apoya en el consolidado
corredor longitudinal -paralelo a la traza de la calle Montcada y perpendicular
al recorrido de ingreso a las diversas edificaciones- que actúa como eje
vertebrador de todas las plantas, en el conjunto de las cinco casas que,
a partir de ahora, integran la sede del Museo Picasso.
En la superficie que se incorpora a nivel de planta baja, correspondiente
a la finca número 19, se instalan, de manera más holgada, la sala de conferencias
y la cafetería del museo, con un amplio contacto con el jardín, que se
desarrolla en la parte posterior del inmueble. El traslado de la cafetería,
desde su primitivo emplazamiento en el edificio número 17, libera el espacio
necesario para poder trazar la vía de acceso al jardín posterior y a la
sala de actos, en una disposición transversal respecto al eje longitudinal
ya establecido y reforzar, de este modo, el carácter público de la planta
baja, gracias a la creación de dos ejes perpendiculares de circulación,
que pretenden convertir en gesto de alcance urbanístico lo que podría
ser, en su origen, una simple transformación interior.
El museo se presenta al espacio público posterior compuesto por el jardín
privado y la plaza colindante, con algunas fachadas de nueva construcción,
convirtiéndose el conjunto en una pieza de gran importancia para la renovación
de la vida urbana del fragmento de ciudad en el que se inserta.
En la fachada correspondiente a la calle Montcada, las transformaciones
introducidas en los balcones existentes, mediante operaciones de clausura
parcial -justificadas por el uso museístico al que se destinan los espacios
interiores ya que, de esta manera, puede incrementarse la superficie de
pared para exhibición-, conceden ciertos signos de contemporaneidad a
la composición tradicional de las fachadas existentes. La nueva fachada
posterior se alinea con la profundidad más reducida de las actuales, la
correspondiente al número 23, incrementando, de esta manera, la superficie
ajardinada posterior. La conexión real de uso con el sector permanente
del museo se realiza a voluntad en cada planta. El nuevo conjunto, constituido
por las fincas de los números 21 y 23, se dota de espacios complementarios
de servicios, como sanitarios, taquillas, almacenes y un ascensor-montacargas.
Como ya se ha mencionado con anterioridad con relación a la intervención
en la fachada de la calle Montcada, en la totalidad de los espacios objeto
de esta ampliación y reforma se ha iniciado una labor de cerramiento interior
de aberturas, que facilite el incremento razonable de los paramentos interiores
para el uso expositivo, conservando las suficientes superficies de contacto
entre interior y exterior. Esta propuesta permite, al mismo tiempo, una
matización ligera y enriquecedora de la composición de las fachadas existentes,
al conservarse la presencia de los huecos originales en la organización
de estas fachadas, dado que aquella clausura parcial se realiza con un
material de madera cuidadosamente seleccionado y dispuesto en el mismo
plano de la carpintería.
Los materiales.
En lo relativo a los recursos constructivos y de acabado permanece el
criterio de la planta baja actual, de utilizar materiales originales en
su apariencia original, en los muros verticales y en pavimentos, concebidos
como verdaderas alfombras pétreas. Los corredores se pavimentan con los
mismos bloques de piedra que los existentes en la calle Montcada.
En la suma de las casas números 21 y 23, se conserva la fachada a la calle
Montcada, el actual patio del 23, renovado y compuesto con piedra y estuco,
que seguirá representando el importante papel de los patios como ingrediente
fundamental de la estructura tipológica de estos edificios y el conjunto
de muros y arcos existentes en planta baja. En la planta primera del número
23, se mantiene y repara el espléndido techo antiguo decorado. Todos estos
elementos se integran en un nuevo esquema vertebrador, en la misma línea
determinada en las actuaciones llevadas a cabo en los números 15, 17 y
19. Se prolonga como espacio público el corredor longitudinal, que se
duplica en un lado con la nueva escalera de comunicación entre todas las
plantas; a ambos lados, se disponen todas las salas de exposición temporal,
con una clara relación de origen y final desde aquel espacio público de
desarrollo lineal.
Respecto a los materiales previstos, se mantiene el propósito inicial
de distinguir, aunque conjugándolos, lo viejo de los nuevo, y se propone
la utilización del hormigón visto en la construcción de los nuevos muros,
incluida la fachada posterior. En planta baja, el visitante encuentra
la piedra y el hormigón visto de la nueva estructura; en las plantas superiores,
salas blancas, enyesadas y pintadas, pavimentos de tiras de mármol blanco
y estructura vista de hormigón en las zonas de comunicación; en los espacios
de exposición, falsos techos de yeso blanco que alojan todos los servicios
tecnológicos, como climatización, iluminación, prevención de incendios
y megafonía.